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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

EL CUENTO. Técnicas de escritura

Modulo VI. La trama
Consigna T 5 A partir de los datos del inicio que se transcribe, organice una trama y escriba un relato.


LA FIESTA


Nunca había sido tan largo el camino a casa.
El Coronel, no tenía ni títulos, ni medallas solo un apodo de sus días de niñez donde con gran  osadía dirigía a sus soldados en la batalla contra el enemigo. En algunas ocasiones usaba una desteñida chaqueta militar de tiempos incalculables de origen incierto. Vivía en un claro del valle donde los caballos no las mulas podían ingresar. Su casa, una pequeña mansión de amplias galerías hecha de paja y barro con techo de chapas, protegida de los vientos por dos algarrobas de generosa sombra. Un cerco de retamas florecidas con racimos de flores amarillas limitaba el patio de tierra en primavera. Retirados hacia el oeste el sembradío de maíz, la huerta y el corral para las aves. Tenía el privilegio de poseer una pequeña acequia de riego, la cual justificaba como un regalo por sus servicios prestados. Huraño para algunos, idealista para otros, amaba más a los animales que a ciertos humanos aunque sentía predilección por los más pequeños.

A mediana distancia camino al dique, la escuelita rural se alzaba entre los árboles del camino. Dos veces por semana el coronel realizaba una visita llevando hortalizas y huevos para el comedor.
Era noviembre, próxima la fiesta anual en conmemoración de la: Familia rural. El coronel había prometido llevar a Simón en una gran jaula. El gallo reproductor era un hermoso ejemplar colorado de gran porte ganador de varias cucardas en diversas exposiciones. Un orgullo para su dueño.
Los días pasaron demasiado rápido. En la fiesta padres disfrazados de payasos, de malabaristas, con bombos y guitarras animaban a los niños. El negro Ortiguela con su culebra mansa arrancaba gritos a los desprevenidos. Todo era diversión. El coronel elocuente se dirigía a todos los curiosos mientras Simón hacía alarde de su bello plumaje.
Cuando las empanadas calientes y las jarras de vino pasaban entre los concurrentes, la jaula se abrió. Nadie fue culpable, nadie fue acusado. El coronel se abrió paso entre la gente para ir a buscarlo. Pasaron varias horas, la fiesta prosiguió.
Cuando pasó el coronel con el gallo la atención se desplazó hacia él. Todos salieron al verlo seguidos por los niños de la escuela.
El coronel aturdido, sin mirar a nadie, salió a la calle con el gallo bajo el brazo.
La sangre manchó su chaqueta, su pantalón y sus botas.

 

Copyright©Verónica Martinoli Vieyra. Noviembre, 2014
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