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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

El abuelo Tito

—Mirá, ¿te acordás que te conté del abuelo? Bueno, esta tarde se fue al cielo. ¿Te gustaría acompañarme al velatorio?— me dijo un día mi madre, sin ningún preámbulo, muy suelta de cuerpo.


Yo nunca había ido a uno, y la curiosidad me tentaba morbosamente. La idea de codearme con la muerte a tan temprana edad era algo que podía darme un poco de prestigio. Y confieso que, si bien no era el momento ni el lugar, me gustaba la idea de conocer al abuelo. Ese abuelo del que nunca se hablaba y que con tanta naturalidad se ignoró durante tanto tiempo.


Mamá me ayudó a elegir la ropa más oscura que tuviera, claro, las niñas no usábamos ropa negra y todavía regía esa innecesaria costumbre.

 

“Papá no puede llevarnos. Vamos en colectivo”, dijo. Y allí fuimos.


No era invierno, pero había refrescado. Estaba muy nublado y parecía mucho más tarde de lo que era. Cuando bajamos del colectivo, enseguida vimos unas cuantas personas en una misma vereda y hacía allá nos atrajo el intenso olor a flores. Flores, muchas flores. Ese fue, seguramente, el primer gran  impacto: la cantidad de flores y el llamativo, por momentos repulsivo, olor a flores.


De inmediato, pude percibir que todos me miraban. Nos miraban.


Mamá se saludaba con gente que yo nunca había visto. Las señoras me tocaban la cabeza y algunas me besaban. Había muchas personas y estaban todas paradas, muy quietitas, hablando y  tomando café.


Pero no veo ningún chico. Nadie para hablar ni jugar. Nadie para hacerse nuevos amigos.


Tampoco hay leche, ni jugo para tomar. Solo café.


Mamá me soltó la mano para tomar su tacita, mientras hablaba con una señora que estaba muy triste. “Él me pidió que te llamara solo si le pasaba algo. Quise llamarte antes, pero no pude”, alcancé a oírle decir a esa señora y pude ver que mamá también lloró un poco.


—Laurita, ella se llama Teresa, ¿sabés? Ella era la esposa de mi papá, del abuelo Tito, ¿te acordás que te conté?— y yo asentí obediente y besé a ¿’mi abuela’?


El abuelo Tito. Sí, recuerdo que me contaste, una vez.


¿Cómo sería él?


Pude ver que en el cuarto contiguo estaba el cajón, y seguramente allí estaría el abuelo Tito.


¿Cómo será morirse?


Si me habían llevado al velatorio, deduje que ya estaba preparada para enfrentar ese momento, y di apenas unos pasos. Ya estaba dentro.


¿Cómo será verlo?


El lugar era un poco más frio que el anterior y el intenso olor a flores se tornaba nauseabundo.


Desde donde estaba no lo veía, solo podía ver el cajón, súper lustroso, del que salían unas puntillas blancas. Nadie notó mi presencia, y decidí acercarme un poco más. Seguía sin poder verlo. Estaba muy alto.


¿Me verá él a mí?


Mamá se me acercó rápidamente, y me convenció para que saliera.


Ese día no pude verlo, no, pero imaginé durante mucho tiempo cómo habría sido conocerlo.


Y sí, estaba aprendiendo muchas cosas juntas, sin lugar a dudas. Solo que no todas las estaba comprendiendo. Tal vez me estaba haciendo grande.


Laura