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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

Contando hasta...

 

Uno, dos, tres…¿100?


Uno, dos, tres… ¿100?: no sé si en mi mente estoy contando los cafés o las bebidas que me pidió Juan para los clientes?…O ¿es un recurso rítmico para sustraerme de los eternos minutos que me paso en este rasposo bar?
Uno, dos, tres… ¿100?: los golpes que le doy a la máquina expreso para que largue esa agua caliente que hará la asquerosa alquimia que acá llaman café!
Uno, dos, tres… ¿100?: cervezas?. Me parece que se tomó el tipo que está sentado en la barra intentando relojear a todos para entretenerse?
¿Cómo mantener mi autoestima!?. Uno, dos, tres…¿100?
Qué paz sería olvidar el zumbido lacerante del bullicio de este lugar, que me martillea la cabeza cuando la apoyo en la almohada de mi miserable pensión.
Uno, dos, tres… ¿100?: veces, ¿se lava la vajilla ordinaria de este lugar?
Uno, dos, tres… ¿100?: sí, sí, ahora estoy contando hasta 100 para no mandar a la mierda a Juan y al gallego! ¿Cómo se llamará el gallego?. Todos los dueños de estos bares de cocinas malolientes, y nauseabundas serán de gallegos?
Uno, dos, tres…¿100?: Repiquetea en el tinglado de atrás la lluvia que no paró en todo este ¡¡¡puto día!!!
Uno, dos, tres… ¿100?: ¿habré visto a esta señorita de vestido floreado y tacos rojos salir de acá con un tipo distinto cada mañana, cada mediodía, cada tarde?
Uno, dos, tres… ¿100?: sí. Deben ser las 100 páginas del diario que hojea –o hace que hojea?- aquel tipo sentado detrás de la florida dama? No, 100 son las lascivas miradas que la recorren desde los pechos hasta los tobillos!. ¡Miserable!
Uno, dos, tres… ¿100?: son los que suben a este maldito 39 que me lleva a la pensión?
Uno, dos, tres… ¿100?: escuché a mi viejo decir: Mario, vos estás para más que esos trabajos de mierda que te buscás!
Uno, dos, tres… ¿100?: sí. Esas fueron las veces que me contuve de contestarle. Hasta que me rajé!. Me tenía harto! Nunca se dio cuenta de que hacía rato que yo ya no estaba para “algo más”!
Uno, dos, tres… ¿100?: los compulsivos movimientos atrapados en este chaleco de un blanco dudoso que ata mis brazos alrededor de mi cuerpo.
Uno, dos, tres… ¿100?: pregunto por día –¿distingo los días?- a la enfermera cuándo me dejarán salir de este lugar en que todos están locos!. ¡Menos yo!


G. M.

Trabajo de taller. Realizado por G.M., prohibida su reproducción parcial o total. (c) Copyright, Ley 11.723.