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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

CON UNA MARIPOSA AL HOMBRO

Luego de un día agotador de trabajo, Chaung Tzu apenas prueba bocado y se echa en su camastro a descansar. La noche está clara y cálida. Los grillos entonan sus cantos monótonos y a veces molestos. Cierra los ojos y en la primera imagen aparece Zuelt Hi, su gracia, su rostro, su inocencia, su andar liviano, despegado del piso… Los músculos de su cuerpo van cediendo a la rigidez a medida que su respiración se hace más intensa… se siente cada vez más flojo… … y la pesadez de los párpados, las pupilas comienzan a dar vueltas, y giran y se van… la boca se ablanda y el cuerpo flota y alcanza un ritmo pausado, sereno…Se desliza en un sueño reparador y entra en un túnel…
Calidoscopio de colores que mutan a formas geométricas, simétricas y luego se transforman en lánguidas líneas multicolores que se enroscan en un eje hacia un infinito inalcanzable… Al fondo, fondo bien fondo un hueco muy redondo y su figura aleteando…se acerca agazapado sin querer espantarla, va despacio, un poco más… ella sigue batiendo sus alas, enmarcada en un círculo de luminosidad, y en cada movimiento se desprenden destellos de  polvo.

Los colores se impregnan y él avanza.
Bichos oscuros de gritos agudos mantienen conversaciones sobre el techo que cobija el sueño de Chaung Tzu. Se mueve, se da vuelta, se acomoda, resopla y reinicia su camino…Están sentados con Zuelt Hi sobre la grama, ella sonríe y al hablar cientos de mariposas salen de su boca… revolotean sobre sus cabezas y los cubren. Se incorporan y de la mano van brincando y las mariposas los acompañan.
-Las alas me pesan, no vayamos tan de prisa…
-Vamos, Chaung, tú puedes… ¿qué pasa, estás cansado?... muévete más rápido, tenemos que llegar al bosque…
-Me pesan, Zuelt, estoy cansado… vuela tú, yo voy a parar a descansar… vuela tú… vuela tú…
¡Auch!, algo le pica un brazo, se rasca… rota, bufa… los sonidos de la noche han cambiado, son más roncos y algunos desesperados… Tzu apenas intenta abrir los ojos, no puede, están pegados… se acomoda de costado, las dos manos haciendo de almohada bajo su cara…
-¡Tengo que llegar a esa rama!... mi cuerpo está pesado, me tira para abajo… ¡Uff, cuánto esfuerzo!… Logra posarse un momento, tomar aire… A lo lejos divisa a Zuelt, sus alas abiertas, verdes brillantes enmarcadas en negro… Se lanza de nuevo al aire, quiere llegar… el viento lo empuja… a medida que se acerca ella se aleja… Zuelt lo llama: “Vuela, Chaung… aquí estoy esperando…” El no llega… bate sus alas ya descoloridas, mustias… trata de sacudirlas con violencia y apenas se mueven… “Aquí, Chaung, aquí estoy, ven…”  Vueltas, y más vueltas… algo tira de la cuerda y el trompo no para de girar…Tendido en el piso, la respiración se agota… no verá más las flores en los campos, el maíz dorado, el tinte rosado de los atardeceres… Entra en una nube muy blanca… Algo roza su pierna…
La caricia de su madre anuncia el amanecer. Otro día, la misma rutina, distintos paisajes. Allá va a cumplir con su faena, a ganarse el pan, a fatigarse. Se siente liviano. Los primeros rayos de sol presagian un día espléndido y nuevas explosiones de la naturaleza. La tierra se despereza. Allá va Chaung Tzu hacia los campos, contento, cargando una mariposa en su hombro.

Valeria Sáenz

Copyright©Valeria Sáenz, 2014