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“Ama el arte,
que de todas las mentiras
es la menos falaz”

Gustave Flaubert

A veces

Desde el balcón miro el mar. Nace, crece, empuja, estalla, se desparrama, muere… vuelve a empezar y es otra ola, diferente. “¿Ya te vas?”, pregunto con la esperanza que me diga… y él me promete que volverá… y vuelve. Como las olas, llega, nos amamos, nos despedimos, se va y vuelve, y comienza otro encuentro, otro momento.


Igual que desde que tengo uso de razón, estoy de vacaciones en la casa de mis padres en Mar Dorado; este año con mi hija, mi madre, mi hermana, su marido y mis sobrinos. Hoy temprano partieron todos de excursión. Yo preferí quedarme sola… pensar en él… Llevo casi un mes sin verlo. ¡Dios, cómo lo extraño!...


Vos te conformas con las sobras –vive diciéndome mi madre– ¿no te das cuenta que nunca va a dejarla?... Hace seis años que soy la amante de un hombre casado –como describe mi hija mi “estado civil”– y no he dejado de recibir todo tipo de críticas. Y tienen razón… a veces. Pero la felicidad no es sólo risas y alegrías, también es dolor y sufrimiento. No es fácil ser feliz, uno tiene que estar preparado para querer serlo.

Desde que se casó hace treinta años, él también veranea con su familia en las sierras y ahora un nuevo receso forzado está por terminar y comienzan a invadirme ciertos temores. Cuatro semanas que realmente nos separamos, ni mensajes ni teléfonos… nada. ¿Qué será de ese pedazo de su vida que queda atrapado en este paréntesis?... me inquieta no saber. Y resuena en mi cabeza la sentencia casi unánime: “nunca va a dejarla”. Y lejos de caer en el abismo de mi propio hartazgo –que sería lo único que me separaría de él–, reelijo ser feliz, resignándome, sufriendo, dudando. No necesito que la deje para seguir junto a él.


Veo la lluvia a través de la ventana de mi departamento. En cualquier momento, sonará el teléfono, golpearán la puerta y nacerá un nuevo encuentro. Vendrá, buscaré en su mirada algunas respuesta y me abrazará, nos besaremos, nos amaremos, y… Tocan el timbre, abro y veo una maleta enorme estacionada en el umbral de mi puerta. Un segundo más tarde lo veo aparecer al fondo de pasillo arrastrando otro bulto más.


Es imposible, pero las cosas cambian… a veces.

Valeria Sáenz


Copyright©Valeria Sáenz, 2013